De todo un poco

En Nueva York un niño de 10 años estaba parado, descalzo, frente a una tienda de zapatos, apuntando a través de la ventana y temblando de frío. Una señora se acercó al niño y le dijo: 
- “Mi pequeño amigo, ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?”
La respuesta fué: 
- “Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos.” La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de medias para el niño.
Preguntó si podría prestarle una palangana con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. La señora se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño, le puso un par de medias y le compró un par de zapatos. Juntó el resto de las medias y se las dió al niño. Ella acarició al niño en la cabeza y le dijo: 
- “¡No hay duda, pequeño amigo, que te sientes más cómodo ahora!” Mientras ella daba la vuelta para marcharse, el niño la alcanzó, la tomó de la mano, y mirándola con lágrimas en los ojos, le preguntó: 
- “¿Es usted la esposa de Dios?”
En Los Mangos de Cóbano, un niño se arrastraba en el piso de tierra, de su humilde casa. Pasó por ahí un buen siervo de Dios, quien mirando su necesidad entendió y aceptó el llamado de Dios.
“En verdad os digo que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos mas pequeños, conmigo lo hicisteis…” Mateo 25-40
 
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Harvey es un niño de 4 años padece de una escoliosis asociado a una polineuropatía, por lo que se arrastra, ya que no puede caminar. Hasta hace unos días su casa de piso de tierra y paredes de latas de zinc agrabavan su difícil condición de salud. Hoy, gracias a ese buen siervo de Dios, ya Harvey tiene una casita con las condiciones necesarias para su desarrollo y aunque no puede hablar, su expresiva sonrisa dice: !Gracias, hermano mío, qué somos Hijos de Dios!
 
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