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Ha llegado el momento de una economía alternativa, fundamentada en recursos naturales diferentes y en estrategias que burlen el caos energético del cual apenas iniciamos sus síntomas

 

DESARROLLO NACIONAL ALTERNATIVO

Guillermo Quirós Álvarez

Oceanógrafo-Abogado:guillermoquiros@gmail.com

Egipto, Grecia y Roma primero; luego España, Inglaterra y Francia; para llegar hasta Alemania, Japón, Rusia, EEUU y China en la época moderna, tienen en común que su desarrollo se ha dado de frente y a través del mar. ¿O acaso no son las ciudades más desarrolladas del Planeta las que ahí se ubican? Solo las viejas colonias centroamericanas parecen no haberse percatado de ello, e insisten en modelos de desarrollo que ignoran el mar como fuente de desarrollo.

Ha llegado el momento de una economía alternativa, fundamentada en recursos naturales diferentes y en estrategias que burlen el caos energético del cual apenas iniciamos sus síntomas. Es un hecho que algunos problemas que no se han sabido resolver precipitan la crisis: caos vial en el área metropolitana, ausencia de un transporte colectivo digno, furgones que saturan carreteras esenciales para la producción, entre otros derivados de un desarrollo social que tiene como eje el Valle Central y sus recursos.

Una solución sostenible comienza por dar una mirada integral al territorio para reconocer nuestras fortalezas y proponer un desarrollo con una concepción diferente: Costa Rica une bajo su cielo y su suelo de 640.000km2 cuantiosos recursos naturales en una situación geográfica privilegiada, a mitad de camino entre Europa y Asia, entre la Costa Este Norteamericana y China, Japón y Singapur. No lo hemos aprovechado ni contamos con la mínima planificación para hacerlo. Constituimos un istmo de solo 200km de ancho, con un clima ajeno a temperaturas extremas, huracanes, heladas y desiertos; condiciones naturales óptimas que disminuyen tarifas de transporte y seguros internacionales de mercaderías, muy por encima inclusive de países vecinos.

Por otro lado nuestra geografía está salpicada de accidentes costeros con puertos naturales, abundante fauna oceánica migratoria en nuestras aguas azules; valiosos y extensos yacimientos minerales en los fondos marinos que cubren 11 veces (589.000km2) nuestro antiguo suelo patrio, entre ellos níquel, cadmio titanio, plata y oro, que unidos al potencial hidroeléctrico de las corrientes en el Golfo de Nicoya y al enorme reservorio de gas natural a lo largo de la Gran Cordillera Cocos en sus 975km de longitud, nos colocan como un país con las mayores reservas energéticas per cápita de la Tierra. Si agregamos a estas condiciones el potencial hidroeléctrico continental, la red de comunicaciones, el sistema de hotelería, la red vial secundaria y, desde luego, el ser costarricense: ingenioso, educado y trabajador; bien podríamos establecer en 20 años una nación diferente.

No podemos ignorar la necesidad del mundo globalizado de un sistema de transporte comercial interoceánico eficiente. Eficiencia que pasa por un diseño que debe superar el canal de Panamá y el canal seco construido entre el Caribe Hondureño y el Pacífico Salvadoreño, tres veces más largo que nuestra sección transversal geográfica, que se constituiría por una autopista de concreto entre Moín y Bahía Salinas, pasando por las llanuras de San Carlos y Upala, a través de la Ruta de la Dignidad ya desarrollada en este Diario.  Y tenemos a disposición el viejo trazado del ferrocarril que une Limón con Cartago, reactivando Turrialba; con una ampliación que entronca con Quepos, Parrita y Golfito, integrándolos también a un desarrollo novedoso del que no han gozado. Por ello se modernizarían sus viejos puertos y terminales, con accesos viales y servicios portuarios para las grandes flotas asiáticas. Ambas rutas son más cortas y trasladarían carga sin pasar por el centro del país, disminuyendo la presión vial sobre el área metropolitana. Se negociaría con Nicaragua el traslado de su mercadería a la frontera común en San Carlos utilizando la nueva carretera que recién les construyó el Gobierno Japonés, utilizando su Lago y reactivando su economía fronteriza. Disminuyendo así la inmigración a Costa Rica y su pesada carga social para nuestro país.

Para construir tal infraestructura podemos considerar las tecnologías de punta y bajo impacto que desarrollan países como Taiwán, Japón o China, quienes bajo una figura de “contrato de vigilancia y arriendo” del Domo Térmico, a la vez que nos pagan por los valiosos recursos pesqueros -que nunca hemos cobrado a la flota pesquera internacional-, se convertirían en guardianes del gran ecosistema marino único en el Planeta, bajo normas contractuales de respeto a los procesos de reproducción de sus especies y de impulso al desarrollo de nuestra industria pesquera. Por otro lado, podemos negociar con Alemania el gas natural que ha cuantificado su “flota científica” durante un período que nos permita formar ingenieros y técnicos en minería oceánica; y cuyos ingresos permitan construir una red ferroviaria que integre las costas, impulse el turismo y aproveche el gas natural de la Gran Cordillera en la sustitución masiva del petróleo. Negociar -en un plano horizontal- con EUA o Japón las riquezas geológicas de los fondos marinos, a cambio de un sistema de puertos modernos, formación de recursos humanos y transferencia tecnológica de punta. Y con la misma filosofía negociar con Japón, China, Reino Unido o Rusia la producción de energía mareomotriz en las aguas del Golfo, a cambio de una red ferroviaria que se convierta en flujo vital para el turismo en la Península de Nicoya, propicie la agroindustria e integre la economía y producción de Guanacaste con Puntarenas.

Pero para todo ello es preciso ajustar la administración pública a la nueva visión, integrando mucho del quehacer actual a través del Ministerio para el Desarrollo Marino, el cual articule bajo criterios técnicos y científicos el desarrollo de nuestros amplios recursos marinos, ubicados en las 10/11 partes de nuestro territorio nacional.

Los beneficios para los habitantes derivan también de actividades económicas paralelas. Por ejemplo el avituallamiento es un buen negocio para nuestros campesinos: incluye el suministro de productos frescos, agua y carnes a la flota internacional, que ya no pasarían por Miami, Hamburgo, Taipéi u Hong Kong. Y ante este desarrollo naviero, las condiciones geográficas diferenciadas permiten el establecimiento de astilleros certificados los 12 meses del año. Las condiciones sociales, geográficas, costeras, oceánicas, la Isla del Coco y otras, permiten establecer programas únicos y de carácter internacional, a su vez fuente de turismo calificado.

El desarrollo de la minería oceánica, su uso energético y la pesca industrial, deben desarrollarse siempre bajo la premisa de una negociación que incluya la formación de recursos humanos como estrategia de desarrollo sostenible. Al igual que como parte de las zonas francas costeras, el desarrollo de la banca y de seguros marítimos facilitaría las operaciones portuarias, el mercado a productos de las zonas costeras y el incremento del empleo en regiones hoy deprimidas.

Guillermo Quirós Álvarez

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