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Por: Ocean. Guillermo Quirós Alvarez
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Cualquier mortal reaccionaria ante la posibilidad de que en nuestro país el Gobierno proyectara la instalación de al menos 22 plantas nucleares. Iniciarían preguntando ¿Para qué? ¿Por qué someter a nuestro país a tal riesgo? ¿No bastará con una?. Ello por cuanto desde Chernóbil-Hollywood la gente conoció de cerca los efectos desastrosos que puede tener una planta nuclear aunque produzca energía en apariencia barata. Y sucede que entre tales plantas y las marinas, hay gran analogía que la gente desconoce por la falta de tradición marítima en nuestro pueblo montañés.
Veamos similitudes: las dos son plantas industriales, las dos generan empleo en zonas rurales donde los pobladores limpian pisos y hacen camas, las dos emanan efluentes tóxicos letales al ambiente, las dos se impulsan por ocurrencia e ignorancia del legislador -al tintineo del dólar de sectores poderosos ligados al Gobierno- sin que en el país haya una politica nacional establecida en el sector; la SETENA en ambos casos carece de personal técnico para conocer, aprobar y supervisar las obras; se deja la viabilidad de ambas plantas a un grupo político –diz que técnico- igualmente ignorante y ligado a oficinas estatales designados por el Ejecutivo. La gran diferencia resulta de que en un caso se tendría la opinión pública en contra –alentada por los más conservadores medios de prensa- y en el otro, silencio total, como ocurre en los últimos días.
Decenas de marinas representan 6.000 yates derivando en nuestras costas, compitiendo por el espacio vital con delfines y ballenas, anclas van y vienen destrozando los arrecifes, manchas de aceite, solventes químicos y pinturas viajarán con la deriva costera en nuestras costas acabando con la fauna que la contaminación fecal de hoteles haya dejado viva. En consecuencia el pescador artesanal cada día más estrecho; y las comunidades costeras antros de droga, prostitución y pobreza, productos que si consumen las marinas.
Hacen fila en la Asamblea proyectos similares, que más tienen cara de botín político que de desarrollo responsable, ante la ignorancia de la mayoría y el oportunismo de pocos. ¿Es ese el modelo de desarrollo en la costa que deseamos los ticos? ¿No es mejor un alto en el camino y trazar un plan de desarrollo racional para nuestras costas, donde todos tengan un espacio digno y oportunidades de desarrollo integral? Este ha sido el mensaje que los profesionales en ciencias marinas, la universidad estatal, la Contraloría y las comunidades de la costa hemos enviado en repetidas ocasiones, pero es ignorado por quienes toman las decisiones políticas. A ellos que los juzgue nuestro pueblo.
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