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Por qué Caribe y no Atlántico.
Guillermo Quirós Álvarez
Consultor en desarrollo marino
Es frecuente oír por la radio y ver en la televisión, como los periodistas y los jerarcas de las instituciones aluden a la masa de agua oceánica allende de nuestras costas orientales, con el nombre erróneo de El Atlántico o Costa Atlántica; y más aún, se refieren a las tierras bajas al este de la cordillera Volcánica Central, donde se hallan Guápiles y Siquirres con el mismo nombre. Nada más equivocado desde el punto de vista geográfico.
Este error se ha legalizado, no tan solo al denominar al organismo rector de esos territorios Junta Administrativa y Portuaria de la Vertiente Atlántica, JAPDEVA, - en vez de JAPDECA - , pues también la ley que regula la Zona Marítimo Terrestre, dice que está constituida por ¡la franja de doscientos metros de ancho a todo lo largo de los litorales Atlántico y Pacífico de la República !. Por ello técnicamente el litoral Caribe de nuestro país no está comprendido en la Ley vigente.
Es un hecho científico que Costa Rica no tiene costa en el Océano Atlántico, solo en el Mar Caribe. Y por lo tanto, la vertiente, el litoral, las aguas marinas, las instituciones y las leyes, deben referirse explícitamente al Caribe. E igualmente los programas de estudio, los textos, los educadores y los periodistas deben actualizarse y hablar correctamente.
Como profesional en ciencias marinas, es mi obligación insistir en este asunto y desde luego, dar razones de fondo. Veamos algunas:
Las características físicas y químicas de cada cuerpo de agua marino, los identifican desde el punto de vista científico. Y ambos poseen características bien diferenciadas. Así la salinidad, la estructura térmica interna de las aguas, las corrientes marinas y el régimen de intercambio de calor con la atmósfera cercana; son procesos físicos que acentúan el carácter propio del Mar Caribe diferenciándolo muy bien del Océano Atlántico.
El gran físico Isacc Newton en 1687 y luego el matemático Laplace en 1776, encontraron que la forma de la cuenca marina que contiene las aguas, incluyendo sus profundidades, en combinación con la atracción gravitacional de los astros cercanos, es causa y es diferencia entre las diversas mareas en los océanos del Planeta. Actualmente conocemos que la forma de las cuencas que contienen estos dos cuerpos marinos es tan grande, que originan mareas totalmente diferentes entre sí. El Caribe tiene amplitudes que oscilan entre 20 y 45 centímetros de alto, y su frecuencia es diurna, esto es, el mar sube o baja cada 24 horas, pues responde más a la atracción gravitacional del Sol. Mientras que el Atlántico tiene amplitudes entre 100 y 400 centímetros, con una marea semidiurna de 12 horas de período, respondiendo a la atracción gravitacional de la Luna.
Por lo tanto, sin lugar a dudas, el Mar Caribe no es una parte del Océano Atlántico u otra denominación para el mismo océano. Como tampoco lo es el Mar Mediterráneo al norte de África, tal como está establecido siglos atrás por griegos, italianos y árabes. El nuestro es sencillamente un mar entre islas e istmos, un verdadero mediterráneo americano -in medias terra-.
¬ Procederíamos equivocadamente en nuestra nueva cultura confundiendo términos o negando realidades étnicas que posiblemente avergonzaron a nuestros antepasados europeos.
¬ Estas características y diferencias oceanográficas fundamentales, se han puesto de manifiesto desde décadas atrás cuando las Naciones Unidas financiaron investigaciones y publicaciones (a través de IOCARIBE), en las cuales se dejó establecido los rasgos ambientales de estos dos cuerpos de agua.
¬ Cuba y Puerto Rico son ejemplos de pueblos caribeños que si tienen costas en ambos litorales. Y esta diferencia entre las aguas que bañan una y otra costa es tan nítido para estos isleños, que en su legislación nacional distinguen fácilmente ambos litorales. Y sus pueblos conocen bien que la fauna, las aguas y las mareas en ambos son diferentes, aunque cercanos se encuentren.
¬ La población que habita nuestro litoral oriental, es fundamentalmente afrocaribeña, y no blanca -o atlántica-. Esta es la razón histórica para confundir a propósito los términos, negando una realidad étnica la cual es orgullo de mi pueblo. Nuestros compatriotas del Caribe merecen que las tierras que los vieron nacer lleven el nombre apropiado, derivado de una etnia amerindígena que si tiene raíces propias.
¬ Si analizamos este error conceptual a la luz de nuestra cultura tradicional, aparece como otra indicación de la ausencia de una cultura marina en nuestro pueblo, la cual quedó perdida entre los valles y montañas que dominaron nuestra nacionalidad colonial, borrando una herencia autóctona que sostenía valores diferentes.
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